jueves 13 de marzo de 2008

Episodio décimo

o

DEL HOSTIGAMIENTO DE UNA FLOTILLA DE VIRIBUSTEROS, Y DE LO QUE CON ELLOS ACONTECIÓ.


No bien hubimos puesto a prueba la velocidad cruceresca de Rogigante, cuando comenzó a sonar 7000 kilos, de Tabletom. Al ser ésta la melodía convenida para situaciones de peligro, Marcial, Luchacos y yo nos aproximamos al puente de mando, donde Lupo, a la sazón a los mandos del navío, señaló una pantalla que mostraba cómo se acercaban rápidamente a nuestra posición tres barcos. Ante la pregunta dibujada en nuestras caras, dijo:

    - Son viribusteros.

    - Con ese nombre, algún género de chusma han de ser1, intuí alarmado.

    - Psché -respondió Lupo, encogiéndose de hombros-, los virus son programas canallas y furibundos, pero tenemos un buen arsenal para defendernos.

    - No hay problema entonces, suspiró aliviado Marcial.

    - Bueno -respondió Lupo-, he dicho que tenemos un buen arsenal, pero no dije dónde lo tenemos.

    - ¡En estos puños tenéis dos ametralladoras de puñetazos! aseveró Luchacos.

    - Explícate, Lupo -sugirió Marcial.

    - Para que el Rogigante tuviera una feroz velocidad, hube de aligerar su diseño, a fin de evitar que muchas maquinitas lastraran su potencia. Con el fin de no dejar de contar con las necesarias medidas protectoras, integré en Ovidia, el programa-guía que diseñé para que nos acompañara, un completo sistema defensivo.

    - Buena forma de proceder fue, pues así podemos acompañarnos también de tan formidable escudo lejos del Rogigante, dije.

    - Así es, P.

    - ¿Y no teníamos que encontrarnos con ella nada más salir de Mitad Doble?, añadí.

    - Cierto, pero la casualidad ha querido que incluso antes de llegar a la cita con ella, tengamos ante nosotros este peligro.

    - Usemos entonces la rapidez del barco para alejarnos de los viribusteros, sugirió Marcial.

    - Están ya demasiado cerca para ello; podrían lanzarse contra nuestro costado y hacernos naufragar, aseguró Lupi. Son estructuras muy rudimentarias, casi preinformáticas, y ahí está su gran ventaja, pues ha sido imposible verlas hasta tenerlas encima, pero también eso mismo puede ser su debilidad. No habrá más remedio que hacerles frente y combatir como la ocasión lo demande.

No tuvimos más tiempo para conferenciar, pues las barcazas - malcompuestas por planchas de metal, toscamente tachonadas con chinchetas y tornillos enmohecidos-, se detuvieron cerca de Rogigante; sobre las mismas, se irguieron unos seres añejos, de color desvaído, construídos con profusión de transistores y miscelánea de bombillazas y circuitos. La Pacompañía se movilizó al unísono, y nos plantamos frente a ellos, mirándolos expectantes y desconfiados. Causó esto fastidio entre los viribusteros; era evidente que el radar ideado por Lupo les había estropeado el factor sorpresa. Hubo un rumor chirriante entre aquellas criaturas imposibles, seguido de un tenue parlamenteo, que no pudimos entender. Cesaron las consultas entre ellos, y durante unos eternos instantes, nadie se movió; las antiguallas metálicas en espera de nuestras palabras, nosotros recelosos de sus posibles acciones. Finalmente, la tensión estalló: dos docenas de cachivaches achatarrados se abalanzaron con chirriante estrépito sobre nosotros, en tanto que clamaron:

    - I'm a creeper... catch me if you can!2



La batalla comenzó desigual, pero el resuelto arrojo que mostrábamos María, Efraín y yo, la destreza de Lupo y Marcial y sobre todo, los omnipresentes puños de Luchacos y Simón, nivelaron la situación. Los viribusteros, viéndose en desventaja, emitieron unos prolongados silbidos, que se perdieron en la lejanía del mar. Pronto, en la confusión de la lucha, avistamos en el horizonte decenas de barquichuelas semejantes a las que nos abordaban. La situación se tornaba desesperada, y fue entonces cuando se me ocurrió preguntarle a Lupo:

    - ¿Es a Ovidia a quien habría que llamar?

    - Si tuviera la forma, P... lo haría sin dudar, me respondió Lupo, en tanto que se zafaba del asedio de dos viribusteros.

    - ¡Ovidia, te requiero, por aquel Dios que tú no conociste para huir de éste o de otro mal más grande!3



Estas palabras no parecieron surtir efecto; no obstante, al punto, un terrible vendaval se desató sobre la cubierta de Rogigante, con la increíble particularidad de afectar sólo a los viribusteros, a los que lanzó lejos del navío, pues nosotros estábamos, merced a alguna invisible fuerza magnética, pegados a la cubierta. Las barcas enemigas, que ya se encontraban cerca, entendieron bien el mensaje y dieron media vuelta, a la par que sobre nuestra invicta nave se posaba, para regocijo de todos, una sonriente y triunfal Ovidia.

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1 Viribustero, neoarcaísmo pedantista, proviene de la fusión de virus y filibustero. Filibustero (francés flibustier, inglés freebooter, holandés vrijbuiter 'que se hace del botin libremente'; también podría proceder del inglés fly-boat 'tipo de velero rápido') era el nombre que recibía el pirata que en el siglo XVII formaba parte de los grupos que actuaban en el mar de las Antillas. Su característica especial, que lo diferenciaba de otros piratas, era que no se alejaban de la costa, la bordeaban y saqueaban las localidades costeras.
El último triunfo de estos piratas fue la toma de
Cartagena de Indias en 1697, con la ayuda de una flota de corsarios franceses. Desde entonces su número disminuyó rápidamente, y no se encuentran referencias históricas de ellos a partir de del siglo XVIII. (www.wikipedia.org)

2 El grito de guerra lanzando por los viribusteros viene del mensaje que lanzó Creeper, el primer virus que atacó a un ordenador (fue un IBM Serie 360), creado en 1972 por Robert Thomas Morris. Este programa emitía periódicamente en la pantalla el mensaje: "I'm a creeper... catch me if you can!" (soy una enredadera, agárrenme si pueden). Para eliminar este problema se creó el primer programa antivirus denominado Reaper (segadora). [www.wikipedia.org]

3Adaptación de las palabras que Dante le dice a Virgilio en los versos finales del primer Canto de la Divina Comedia (nota del T.)

3 comentarios:

dreamermarmot dijo...

Nada ni nadie podía presagiar aún, cuando nuestro héroe veía restringida su entrada a las bibliotecas o admiraba la hermosura de las jóvenes sureñas, que se vería envuelto en tan cruenta batalla cibernética.
P.Dante ha logrado dejarme en vilo. No puedo por menos que desearle todo lo mejor a él y a sus intrépidos compañeros de aventuras (sín María, nada sería lo mismo; hace falta alguien que ponga los puntos sobre las íes).
Ahora que la institución eclesiástica he decidido, al igual que nuestro pontífice de los artíficios, adentrarse en la red de redes, no le queda ninguna excusa: ¡ que Dios le pille confesado !.

Besitos para el estratega de este blog ;)

Visita mi blog!! ---> http://dreamermarmot.wordpress.com/

anilibis dijo...

Cielos, qué giro ha tomado la historia... Espero que Ovidia os sepa llevar a buen puerto.

otivreuC dijo...

...aserf ed etrap al a ragell sereiuq , alucárD sodaleh sol omoc otsuJ

.ecilanif euq rereuq on ed oesed la ojerap se ecalnesed le reconoc rop oesed le euq ed otnup le atsah etnadipert ajotna em es aísevart atsE .arbalap al ed ortseam ,otaler narG