EN EL QUE SE SITÚA EL TÍTULO DEL EPISODIO AL FINAL DEL MISMO.
Entre tanto, nuestros amigos ultimaban el ensamblaje del barco, ensimismados y absortos, con un brillo de pronta determinación en sus ojos. El cuadro, a fuer de ser sinceros -y con mi leal legión de lectores, juramenté serlo-, era una curiosa combinación cómico-heroica, de tal modo que uno echaba en falta un paquete gigante de palomitas para contemplar la prodigiosa escena en cinéfilo y pasmado asombro: María no cesaba de dar órdenes e instrucciones, siendo Efraín el único que las acataba con mesurado esmero, en tanto que Lupo y Simón corrían de un lado a otro apresurados, aguijonados por las demandas de María, que presa de la prisa por abrazar a Paco, tan pronto observaba que cuasi culminaban una tarea, ya les encomendaba otra, sin dar pausa a los pacompañeros ni regalar segundos que dilataran la dolorosa separación de su amado.
El Dr. Luchacos era espectáculo aparte, pues ponía tanto ahínco en cargar con las tareas más pesadas como cuidado en no despeinarse lo más mínimo: era prodigio no visto verle transportar grasientos mecanos y plomizas cajas sin mancharse un mini-átomo ni arrugar un milímetro su atidalda vestimenta; y así, el conjunto se antojaba variopinto, distraído y diverso, eficientemente burlesco, recordándome a las aventuras de los payasos de la tele, de tan felice recuerdo para quien supere ya tres decaditas de años y de obligada visión para los recién llegados a este mundo gris y monocolor.
En tales bagatelas intelectivas andaba mi mente, cuando el trabajo tocó a su fin: agotados los currantes, se separaron un tanto de la nave, para contemplarla ensamblada por vez primera. Refulgía poderosa y novísima, alentando con su esbelta estampa todo clase de aventuras. María dijo:
- Es hermosa.
- Bonita, muy bonita, convino Luchacos.
- Está guapa, abundó Simón.
- No está nada mal, dijo el siempre prudente Efraín.
- El diseño está basado en una jábega, embarcación típica de Málaga -explicó Lupo, satisfecho de que su elección cosechara halagos-, Mi tío Manuel pescaba chanquetitos en una igual, allá por los años 50 del siglo pasado. Me pareció idónea para esta singladura, pues es resistente, veloz y discreta.
- Acertaste más allá de tu intención, amigo Lupo, pues no pudiste escoger embarcación más adecuada, dije.
- ¿Cómo es eso, P.?, inquirió Lupo.
- La jábega -expliqué a la interesada concurrencia-, llamada también xabec en Menorca, similar al sciabeco italiano o al sambuk del Mar Rojo, recibe su nombre de la red homónima que se utiliza, y viene de la palabra árabe sabaka, que significa precisamente red.1
Un murmullo asombrado siguió a mi modesta disertación. Fue Efraín quien exclamó:
- ¡Una red para navegar por la red de redes! Podrá ser coincidencia, mas se me antoja feliz auspicio y suertudo agüero.
- Genial, entonces – intervino Simón-, sólo resta bautizar la embarcación, que los barcos, como las personas, precisan de un nombre que los distinga y señale como únicos.
- ¿El Buscapaco? aventuró Lupo, con escasa convicción.
- Chichirichachi, lanzó soñadora María, rememorando dulces despertares2
- ¿Barcarola? se preguntó a sí mismo Efraín.
- ¡Brillantina!, exclamó Luchacos sonriente.
Marcial emitió un hastiado suspiro. Probablemente, había presenciado demasiados brain-stormings en su vida. Se giró hacia mí, diciendo:
- P.- dijo- ¿cómo la llamarías tú?
- De la única forma que se puede llamar, respondí: Rogigante.
- ¡Me gusta! dijeron al unísono Efraín y María.
- Rogigante... repitió Marcial. Una ingeniosa combinación de Rocinante y gigante ¡Es perfecto, P.!
- Además, incluir la palabra giga en el nombre del barco es buena medida, pues lo hace respetable en el mundo informático, dijo Lupo.
Todos aplaudieron el hallazgo, y pronto María dibujó, con la mejor caligrafía, su nombre en el costado derecho. Nos quisimos despedir de Rubenio, y agradecerle la música que había amatronado el nacimiento de Rogigante, mas había desaparecido; y es que ya debían de ser las siete y media de la mañana, allá lejos, en el mundo, y Rubenio estaría cepillándose los dientes ante el espejo del baño.
- Procedamos a la botadura del barco, dijo Marcial ceremoniosamente.
- ¡Y partamos a partirles la cara a los cerounos!, subrayó Luchacos.
- Por estos pagos se dice bitadura, que aquí todo viene y va al bit, razonó Lupo.
- ¡Sea pues – aceptó Marcial-, bitemos a Rogigante,y recordemos nuestro lema: “no descansar hasta encontrar”!
Las puertas de Mitad Doble se abrieron, y ante nosotros se abrió un mar infinito. Rogigante comenzó a surcar las olas con recién estrenada elegancia, bisoño y altivo a partes iguales. En este punto, me dijo Simón, mirando hacia arriba:
- ¿Es por esto, P., que no quisiste poner el nombre del capítulo arriba? ¿Para reservar la sorpresa hasta el final?
- Así es, amigo Simón, dije, y aquí ya puedo revelar que este capítulo se intitula
EN EL QUE SE DESCRIBE LA BITADURA DEL ROGIGANTE.





4 comentarios:
Rogigante, a mi también me gusta esa expresión, me parece genial, pero nadie nos entendería sin dar una explicación previa.
Vuelvo a ti don otras mirada desde la primera vez.
Veo tu cuaderno pintado del mismo color que el mío, me siguen gustando las ilustraciones, de hecho, me gustaría saber dibujar para poder poner imágenes a mis palabras como haces tu.
¿Que es lo que me choca?
Me choca el lenguaje que utilizas, como si no fuese de este tiempo, posiblente no lo sea.
Quien pillara esos chanquetitos, rosados y no los chinos congelaos
¡Me cagüen!
Un abrazo
Hola pontífice de los artificios!
Sólo he leído el primer capítulo, pero deseo seguir saboreando el resto poco a poco. (este me lo salto de un plumazo que no quiero que nada me sea desvelado antes de tiempo). Me gustan un montón también las ilustraciones de Pío Vergara, le van que ni pintadas al aventurero.
Y gracias por el ofrecimiento, estaría más que encantada de poder colaborar. He visto en la página de mitad doble el apartado de envíos, pero me podrías decir si hay alguna otra forma de contactar con Cristina?
Es que resulta que vivo en Madrid y vuestra revista no ha llegado nunca a mis manos, (lo siento) aunque veo que tenéis distribuidor hasta en Seúl!
Gracias otra vez!
¿no has vuelto a escribir nada nuevo?
Unnmm ¿Ocupado en otros menesteres?
Te dejo un beso
Por fin me paré de nuevo por tu casa para echar una ojeada. SOrprendente la aventura del Dr. ¡Si ahora ya se emprende a navegar el ciberespacio!
Que siga, que siga.
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