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QUE VERSA SOBRE LOS PREPARATIVOS PARA EL VIAJE AL MUNDO DE LOS CEROUNOS, CON LA INESPERADA INCORPORACIÓN DEL DR. LUCHACOS.
Cuando llegamos, ya nos esperaba en la puerta Lupo Lupi, con el que prontamente trabamos amistad, en especial Simón y Efraín, pues tenían aficiones y adicciones comunes. Resolvió Marcial dividirnos para multiplicar los esfuerzos, y así, María, Efraín, Simón y Lupo quedarónse en la casa, al punto que Marcial y yo fuimos a adquirir lo que nos habían apuntado en una lista los pacompañeros.
- ¿Crees que lograremos entrar en la pantalla, P.? -me preguntó Marcial una vez en la calle-, los cerounos son entes incorpóreos, y nosotros somos personas de carne y hueso.
- Si Paco pudo entrar con ellos, nosotros también podemos hacerlo, le respondí.
- ¡Cierto! Sin embargo, todo esto se me antoja magia imposible, el argumento de un libro fantástico...
- Entiendo tus dudas, querido amigo, y seguro estoy que si alguno de nosotros decidiera contarlo, nadie le creería; antes lo tacharían de novísima fábula, mentira moderna o alucinógeno disparate, cuya imposibilidad y grandeza harían que se tuviera esta aventura por apócrifa1. Siempre ha sido y siempre será así, pues las hazañas las reserva el destino a los que tienen invencible corazón y ánimo estupendo2, y es tan oficio de los demás juzgarlas inverosímiles como el nuestro llevar este viaje a buen fin, sin importarnos qué diran o qué escribirán las generaciones presentes o venideras: vivamos la aventura, y que la aventura viva por siempre.
Se contagió de mi determinación Marcial, y a lo largo de las compras no expresó más dudas ni temores; incluso cuando mostré mi imposibilidad de colaborar con mis famélicas rentas en las costosas adquisiciones, mantúvose firme en su propósito y liberal en el dispendio, sin dejarme siquiera añadir unos céntimos -que en mi bolsillo habían anidado-, al presupuesto de la expedición; tal es la resolución que han de tener los capitanes, por lo cual yo me mostré confiado, al contar con un líder tan capaz como generoso.
Cuando completamos la lista, nos encaminamos a la casa, donde encontramos a Lupo tecleando febrilmente, rodeado de cables y conexiones. Simón montaba fiera guardia, en previsión de que los cerounos intentaran alguna maniobra, distrayendo la espera liando cigarrillos que se fumaba con Lupo Lupi, resultando la habitación un sueño de máquinas, humos y circuitos. Entre tanto, María y Efraín trazaban las líneas maestras del viaje sobre una gran mesa en la sala de estar, planificando y organizando hasta el mínimo detalle. Tan absortos estaban en sus respectivas tareas, que no repararon en nuestra presencia hasta pasado un largo rato, y era cosa de admirar la concentración y el tesón que los cuatro ponían en sus quehaceres. Fue Lupo quien, sin dejar de mirar a la pantalla, nos dijo:
- ¿Habéis traído lo que os pedí?
La respuesta afirmativa que dio Marcial rompió el hechizo en el que nuestros camaradas se encontraban inmersos, corriendo a revisar si estaba todo al cabo de lo que habían solicitado. Quedaron contentos de la comanda, y María nos pidió a Marcial y a mí que fuéramos a la cocina para preparar siete vasos de gazpacho.
- ¿Gazpacho? preguntó Marcial.
- ¿Siete? pregunté yo.
- Habéis oído bien -repuso María-; el gazpacho es fuente de vitaminas, y nos hará resistir el embate de pasar de una dimensión a otra. El séptimo vaso es para el nuevo y último componente de la empresa...
Unos impetuosos golpes en la puerta interrumpieron la plática. Al abrirla María, contemplamos a un espigado sujeto, de cabello cuidadosamente ordenado y fijado por algún oloroso ungüento; sus dientes refulgían blanquísimos, y llevaba plagado el ropaje de esos enormes títulos llamados marcas. A modo de saludo, ejecutó una carambolesca llave de kárate, en la que se derribó a sí mísmo y a un jarrón bodaregalado que, al caer sobre su mullido estómago, no sufrió ningún daño. Lejos de inmutarse el apertigado personaje por lo cómico de su entrada, dijo:
- ¿Qué pasa?
Nos miramos; la tensión acumulada estalló en risas, que secundó complacido el recién llegado, no sin dejar de atusarse el pelo en un espejo que había en la entrada. Tras cesar las risas, María dijo:
- Caballeros, les presento al dr. Luchacos, el guerrero más coqueto y dicharachero del mundo.
1La inclusión de una frase del título del capítulo XXIII de la segunda parte de El Quijote, referido a la aventura de la Cueva de Montesinos, despierta gran pasión entre los pedantistas. Así, el hiperpolígrafo D. Antonio Mas Listo, lo considera (sic) un finísimo hallazgo intertextual, que entronca modestamente con el espíritu cervantino y afirma el devenir quijotesco de P. Dante, a la par que homenaje sincero y devoto al mejor libro de todos los tiempos (en REP, Revista de Estudios Pedantistas nº 7, págs. 45 y sigs.) Nota del T.
2“invencible corazón y ánimo estupendo” Don Quijote de la Mancha, cap. XXIII, segunda parte.




2 comentarios:
Perdona augusto por colarme así...
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Ay, Doctor. Siempre consigue dibujar en mi cara una sonrisa y bastante más que eso.
Una delicia, y el gazpacho... Ahora me está entrando antojo de gazpacho.
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